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Lección 1. ¿Cómo Puede el Hombre Tener Esperanza?

Lección 2. ¿Cómo Puedo Encontrar la Verdad Acerca de Jesús?

Lección 3. ¿Cómo Jesús Me Enseña a Vivir?

Lección 4. ¿Por Qué Necesito el Perdón que Jesús Ofrece?

Lección 5. ¿Cómo Puede Jesús Ayudarme a Comprender a Dios?

Lección 6. ¿Cómo Puede Jesús Ayudarme con la Confusión Religiosa?

Lección 7. ¿Qué Esperanza Me Da Jesús Después de Esta Vida?

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Lección 4. ¿Por Qué Necesito el Perdón que Jesús Ofrece?

Mucha gente cree que el pecado es únicamente una violación de las relaciones humanas. Consideran que un hecho es pecado sólo si la sociedad en general no lo acepta, si viola la conciencia o si "hace daño" a alguien. La gente que piensa así cree que no hay que hacer nada para corregir el pecado, sino llegar a un acuerdo con la persona dañada y después de hacer tal arreglo, se sienten tranquilos.

Pero el pecado consiste en más que violar una regla de la sociedad. Es cualquier desviación de la voluntad de Dios.

"Toda injusticia es pecado..." (1 Juan 5:17).

El pecado consiste en hacer lo que Dios prohibe en su palabra, la Biblia.

"Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4).

Y también consiste en dejar de hacer lo que Dios quiere que hagamos.

"Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado" (Santiago 4:17).

El comportamiento injusto hacia otro ser humano es pecado solamente porque viola la ley de Dios. Después de haber cometido adulterio y homicidio David dijo lo siguiente:

"Contra ti, contra ti solo he pecado, y hecho lo malo delante de tus ojos..." (Salmos 51:4).

Puesto que el pecado trata de violación de la ley de Dios y no la humana, es más serio de lo que piensan muchas personas, llevando una pena muy fuerte.

"Porque la paga del pecado es muerte..." (Romanos 6:23).

Siendo el pecado una ofensa en contra de Dios, nadie recibe perdón hasta que corrija sus pecados delante de El.

El Problema del Pecado

Quitar la culpabilidad del pecado no es una tarea fácil, ni aun para Dios. Dios es perfectamente SANTO y la santidad de Dios hace imposible cualquier comunión con el pecado.

"Has amado la justicia y aborrecido la maldad..." (Salmos 45:7).

Dios es infinitamente JUSTO y la justicia exige que Él castigue el pecado con la pena que merece, la muerte espiritual.

"Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia" (Efesios 5:6).

La santidad y la justicia de Dios ponen al hombre en una situación sin esperanza, ya que el hombre es pecador y la justicia de Dios exige que se aparte del hombre pecador y que le castigue según su pecado.

El hombre no puede idear ningún plan para resolver este problema. No puede negar que es pecador y ninguna obra humana puede borrar su culpabilidad. El hombre que comete un asesinato, por ejemplo, no es hecho inocente aunque viviera el resto de su vida como un "buen ciudadano", obedeciendo las leyes de su país. A pesar de sus buenas acciones, sigue siendo homicida. Así también al pecar, el hombre llega a ser pecador y, aunque haga muchas buenas obras después, no puede por ellas quitarse la mancha del pecado, sin buscar la misericordia del Juez Supremo.

La Solución del Problema

"Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)" (Efesios 2:4,5).

El amor y misericordia de Dios no hacen que Él se olvide de Su santidad y justicia. Dios dio el golpe que la justicia exigió. Pero Su amor nos proveyó de un escudo para absorber la fuerza del golpe, para que nosotros no tuviéramos que recibirlo.

"...Porque fue cortado de la tierra de los vivientes y por la rebelión de mi pueblo fue herido" (Isaías 53:8).

Estas palabras, escritas centenares de años antes de Cristo, fueron cumplidas en Su muerte en la cruz. El escudo para protegernos del castigo se llama "propiciación" o "expiación" en la Biblia y Jesús fue nuestro escudo, nuestra propiciación.

"Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1 Juan 2:2).

Verdaderamente Jesús es el camino al perdón de los pecados...

"en quién tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia" (Efesios 1:7).

El Perdón es Condicional

Aunque Cristo es el sacrificio expiatorio por "los pecados del mundo", todos no aceptan la salvación ofrecida por Él porque no le obedecen.

"Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen" (Hebreos 5:9).

Para obedecer a Dios, primero es necesario que uno crea y confíe en Él.

"...Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tu y tu casa" (Hechos 16:31).

Esta fe, por supuesto, tiene que ser bastante fuerte para producir en nosotros el deseo fornido de rechazar el pecado. Este cambio de opinión seguido por un cambio de vida se llama "arrepentimiento".

"...Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan" (Hechos 17:30).

Nuestra fe tiene que ser bastante fuerte para motivarnos a hacer una confesión pública de nuestra fe.

"Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación" (Romanos 10:10).

Y, tenemos que tener suficiente fe para ser bautizados.

"El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16:16).

Este bautismo nos pone "en Cristo", donde somos Hijos de Dios por la fe.

"Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (Gálatas 3:26,27).

Cuando estamos sepultados juntamente con Cristo en el bautismo, Dios nos hace vivir.

"Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva" (Romanos 6:4).

Una vez que estamos en Cristo y tenemos Su nueva vida, recibimos perdón continuamente mientras "andemos en la luz" de la verdad y justicia.

"Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7).

¿Ha cumplido usted con estas condiciones y aceptado el perdón que Dios da por su gracia? Siempre estamos dispuestos a ayudarle a obedecer al Señor.

Si quiere profundizar un poco...

¿Por Qué Existen el Pecado y el Sufrimiento?

Se oye a algunas personas decir, "Si existiera un Dios todopoderoso, no dejaría existir el pecado, la injusticia, ni el sufrimiento".

Una respuesta a este comentario es que Dios nos ha creado con libre albedrío. No quiere que seamos máquinas obedeciendo sus leyes como si fuéramos títeres controlados por cuerdas, sino que Le obedezcamos voluntariamente porque Le amemos.

Teniendo el derecho de escoger entre el bien y el mal, hay hombres que eligen no servir a Dios. Por lo tanto, hay mucha crueldad, injusticia, y sufrimiento causados por los que rehusan obedecer la voluntad de Dios, la cual es para nuestro bienestar. El pecado y el sufrimiento existen no porque Dios quiera sino porque el hombre tiene el derecho de elegir entre el bien y el mal y muchas veces opta por lo cruel e injusto.

Sin duda, hay algunos aspectos del sufrimiento que no podemos comprender completamente. Sin embargo, nuestra incapacidad de entender todo no resta valor a la evidencia que tenemos a favor de la existencia de Dios. Al pensar en la maldad y la injusticia, se nos ocurren las siguientes preguntas: ¿con qué vamos a enfrentar los males del mundo? ¿Podemos enfrentarlos con la incertidumbre y futilidad del ateísmo o vamos a enfrentarlos con la esperanza que Dios nos da? Si creemos en Dios, creemos que hay soluciones para todos los problemas del hombre, aun para los pobres y los que sufren. En vez de rechazar la única esperanza que tenemos porque no comprendemos completamente el sufrimiento, debemos renovar nuestra determinación de buscar la verdad que nos da soluciones a los problemas espirituales del hombre.

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