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Lección 1. ¿Cómo Puede el Hombre Tener Esperanza?

Lección 2. ¿Cómo Puedo Encontrar la Verdad Acerca de Jesús?

Lección 3. ¿Cómo Jesús Me Enseña a Vivir?

Lección 4. ¿Por Qué Necesito el Perdón que Jesús Ofrece?

Lección 5. ¿Cómo Puede Jesús Ayudarme a Comprender a Dios?

Lección 6. ¿Cómo Puede Jesús Ayudarme con la Confusión Religiosa?

Lección 7. ¿Qué Esperanza Me Da Jesús Después de Esta Vida?

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Lección 3. ¿Cómo Jesús Me Enseña a Vivir?

La meta popular de nuestra generación es disfrutar de "la buena vida". Este sueño no es nada nuevo ya que los reyes, maestros, filósofos y pobres la han buscado a través de los siglos. Pero, para encontrar una vida verdaderamente buena, hay que seguir a Jesús, El Camino.

Jesús Corrige Conceptos Erróneos

Cuando pensamos en "la buena vida" pensamos sencillamente en lo que nos trae felicidad. Sin embargo, muchas veces esperamos que la prosperidad, el placer y la popularidad nos hagan felices cuando no es así el caso.

"Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (Lucas 12:15).

"¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablan bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas" (Lucas 6:25,26).

Si tomamos el tiempo para reflexionar honradamente, nos damos cuenta de que en realidad la mayor parte de la gente rica y famosa no es feliz. No obstante, seguimos buscando las riquezas y nos desanimamos si no las obtenemos. Si Jesús hubiera ofrecido las riquezas y la fama como el camino a la felicidad, habría sido un fracaso.

Jesús Soluciona el Problema

Dios le dio la buena vida al hombre en el principio, pero el hombre la perdió al pecar. Con el pecado vinieron la culpabilidad, el temor, el dolor y la muerte. El pecado es corrupción. Jesús dijo:

"Porque de dentro, del corazón del los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre" (Marcos 7:21-23).

¿No es verdad que la mayor parte de nuestros problemas provienen de pecados como éstos? Solamente al dejar el pecado podemos encontrar la felicidad.

"Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala" (1 Pedro 3:10,11).

Solamente por estudiar la ley de Cristo podemos reconocer lo que es el pecado.

"...pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4).

Solamente por seguir el ejemplo perfecto de Jesús podemos evitar el pecado.

"...porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca" (1 Pedro 2:21,22).

¡Imagínese una vida sin culpabilidad, sin temor y sin la inquietud que siempre proviene del pecado! De veras es una vida pura que da la paz que sobrepasa todo entendimiento.

Jesús Nos Enseña a Tener Una Nueva Meta

La meta de nuestro mundo infeliz consiste en tesoro mundano. Pero Jesús dice:

"No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo..." (Mateo 6:19,20).

Los hombres siempre están muy deseosos de recibir, pero siempre maldispuestos para dar a otros. Jesús dijo:

"Más bienaventurado es dar que recibir" (Hechos 20:35).

Muchos consideran el recibir servicio y tener siervos como símbolos de la buena vida. Jesús dice:

"...el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,...como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir..." (Mateo 20:26,28).

Muchos no pueden alcanzar la meta popular de este mundo y los que la alcanzan no encuentran la felicidad en ella. Además, los que no logran obtener las riquezas ni la fama se sienten abatidos pensando haber fracasado.

Pero, cuando cambiamos de meta, podemos ser felices sin tener que confiar en estas cosas temporales para nuestra satisfacción. La verdadera felicidad se consigue al alcanzar una nueva meta, la de Jesús, la cual es accesible a todos. Sí, TODOS, desde el rey más rico hasta el hombre más humilde, pueden hacer su tesoro en el cielo, todos pueden dar a otros y todos pueden servir. Si usted duda de que estos nuevos conceptos puedan darle la felicidad, sólo tiene que considerar la vida de cualquier individuo que los practica y verá que Jesús tiene razón. Pero hay más...

Jesús Nos Da lo que No Esperamos

Cuando aprendemos a no tener como nuestra meta lo material, el placer y la fama, Jesús nos provee de una mejor porción de estas cosas. Escúchele:

"No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6: 31-33).

"Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo" (Lucas 6:38).

"Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido" (Lucas 14:11). (La palabra "enaltecido" significa alabado o honrado.)

¿Cómo lo Hace Jesús?

Puede que nunca comprendamos todos los métodos que Dios emplea para cumplir con Sus promesas. No obstante, podemos entender que Dios nos bendice cuando obedecemos Sus mandamientos, sencillamente porque ellos son sabios. Dios conoce al hombre perfectamente y nos ama con un amor perfecto. Por lo tanto, nos exige lo que es bueno para nosotros y prohibe solamente lo que nos hace daño.

Nuestra salud está mejor cuando somos como Jesús enseña. Andamos mejor económicamente porque trabajamos mejor y no tenemos que pagar los gastos del pecado. Nuestra vida familiar es mejor porque aprendemos a pensar primeramente en otros. Aunque tenemos que enfrentar problemas, lo hacemos con Jesús a nuestro lado y con la esperanza de una vida mejor después de ésta.

Si quiere profundizar un poco...

Los Frutos de Rechazar a Dios

Puesto que la mayor parte de la gente en el mundo busca la felicidad a través de lo material y sensual, nuestra sociedad occidental está en el proceso de decaer moralmente.

Al observar el deterioro de la moralidad, muchos filósofos que no creen en Dios ven solamente futilidad y desesperanza. Por ejemplo, el escritor norteamericano, Mark Twain (Samuel Clemmons) dio este comentario respecto al propósito de la vida:

"Un grupo de hombres nace. Trabajan y sudan para obtener el pan, disputando, discutiendo y luchando para ganar ventajas sobre su prójimo. Los años pasan... Sus seres queridos les son quitados y la alegría se convierte en dolor. La carga del dolor, de la preocupación y la miseria se vuelve más y más pesada ... mueren la ambición, el orgullo y la vanidad. Por último, llega la muerte. Estos hombres no fueron importantes a los ojos del mundo ni tuvieron propósito en la vida. No llevaron a cabo nada sino que fueron fracasados... El mundo se les lleva luto por un día y luego se olvida de ellos para siempre. Luego, nace otro grupo y toma el lugar del grupo anterior, imitando sus hechos, siguiendo el mismo camino inútil y desvaneciéndose de igual forma. ...sigue generación tras generación, cada una de ellas logrando lo que logró el grupo anterior, NADA".

Para muchos como Twain, la vida consiste nada más en nacer, trabajar y morir. ¡La verdadera felicidad es imposible si no seguimos a Jesús!

Lo Que Dice la Biblia

La Biblia describe lo que pasa a una sociedad que rechaza a Dios cuando describe la sociedad romana del primer siglo. Después de una descripción fea de la idolatría y la perversión de aquella sociedad en los versículos 18-28 de Romanos capítulo 1, Pablo describe más frutos de la incredulidad:

"...estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia" (Romanos 1:29-31).

A medida que nuestra sociedad llegue a ser cada vez más incrédula, nos acercamos tanto más a este cuadro repugnante de la sociedad romana. Cuando la sociedad rechaza a Dios, el Juez de todos, ¿qué impedirá a esta sociedad caer en un pantano de egoísmo y confusión? ¿Puede existir la felicidad en un mundo que no obedece al Juez Supremo ni acepta Sus reglas morales?

Si uno quiere ser realmente feliz, es necesario rechazar el materialismo y sensualidad y obedecer a Cristo. El hombre necesita algo más que las cosas pasajeras de esta tierra. Verdaderamente Jesús es el Camino a la felicidad.

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